¿El viejo régimen a la vista?

El viernes pasado Enrique Peña Nieto fue cuestionado en la  Universidad Iberoamericana (UIA) por estudiantes de dicha universidad. Los estudiantes -en pleno uso de su derecho- mostraron su inconformidad por las acciones del gobierno del Estado de México en la gestión del hoy candidato, específicamente sobre el caso Atenco. Esta expresión deja claro que el papel de las universidades  es formar parte de la crítica de aquellos fenómenos que nos afectan como sociedad y tratar de contribuir al desarrollo de ésta –la democracia incluida. Sin embargo, después de lo ocurrido algunos priistas mostraron su descontento por lo que había sucedido.

En un acto que pareciera un retorno al viejo régimen, el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell (PJC), mostró su postura señalando que los estudiantes habían sido intolerantes y pidió a los “jóvenes que se equivocaron” -expresarse en contra de las ideas de los priistas es una equivocación, según PJC-  “recapacitar”. Cabe mencionar que EPN pudo expresar sus propuestas y como en cualquier sociedad democrática éstas fueron escuchadas; sin embargo, las posturas priistas post-UIA evidencian intolerancia: “los jóvenes se equivocaron” -porque (suponemos) en su derecho democrático de expresarse lo hicieron en contra del candidato, y como éstos se equivocaron –desde la perspectiva de PJC- deben “recapacitar” por protestar y no aclamar las virtudes de Peña, o en su defecto criticarlo de una forma “suave”.

A pesar de ser una protesta pacífica, se sugirió que los mismos jóvenes fueran investigados. Investigarlos como si éstos hubiesen cometido algún delito, como en el viejo régimen. Investigar la protesta implica el olvido de que en democracia ésta es válida porque es una forma de hacerse escuchar, de mostrar las discrepancias entre distintos proyectos e ideales en distintos entornos. Y a diferencia de lo que habían sido muchos de los encuentros de EPN, el encuentro con estudiantes lo colocó en una situación incómoda, pues poco acostumbrado se encuentra el candidato a este tipo de foros: en donde es ovacionado “nadie se equivoca” y nadie es obligado a “recapacitar”. Ahí, bajo la noción priista, la democracia funciona.

Las críticas de jóvenes estudiantes representan un derecho legítimo de expresar una opinión. Si aquello fue organizado (argumentan algunos) esta organización no puede desacreditarse y mucho menos minimizar el derecho de los jóvenes a criticar: el hecho es que esta organización -para quejarse del candidato- encontró eco en los estudiantes. La intolerancia viene de quienes muestran la cara de la “renovación” sin querer desprenderse de las comodidades del viejo régimen; aquel régimen en donde la “crítica” se acomoda y sigue el caudal que quieren que siga.

El dialogo está abierto y todos los candidatos pueden expresar sus opiniones y escuchar las opiniones de los demás, sin importar que estas sean distintas. Los foros universitarios deben ser un lugar obligado para que estos presenten sus proyectos. No todo es la crítica suave, señores candidatos.  ¿O usted qué opina, estimado lector?

David Maldonado

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